El volumen de la luz

 Los relieves son una tipología escultórica que está a mitad de camino entre la escultura —entendida como escultura exenta— y el dibujo. Para poder solucionar correctamente la composición de un relieve el dibujo debe estar bien estudiado y ejecutado con precisión, se han de entender las fugas y la compresión del volumen tal y como se acerca al plano de fondo, cosa a la que pintores y dibujantes están más acostumbrados pero que no es un problema para la escultura exenta ya que simplemente no existe el escorzo.

El trabajo de entender el volumen bajo estos parámetros me parece muy interesante y es un gran ejercicio para especular con el lenguaje de la forma. En esta ocasión, además, me he planteado qué pasaría si invierto las formas del relieve intercambiando los volúmenes cóncavos y convexos entre si.
El proceso es más simple de lo que parece a priori, basta con realizar un molde sobre la pieza modelada en barro y  así obtener el negativo. Pero el resultado es altamente curioso.

 Tampoco es que haya inventado nada, hay muchos ejemplos de escultores que han experimentado con este tipo de relieve invertido —Subirachs, sin ir más lejos, ha usado este recurso en muchas de sus obras— pero creo que es interesante reflexionar sobre algunos aspectos del efecto que produce la luz en este tipo de obras.
Visto desde cierta distancia nuestra visión confunde los volúmenes cóncavos y convexos y el resultado es que apreciamos la tridimensionalidad del relieve como si éste no estuviera "hundido" en el plano. La sensación es, que pese a estar iluminada de forma cenital, el observador lee la pieza como si estuviera iluminada desde abajo.

Es curioso también como al desplazarnos lateralmente mientras observamos los relieves estos parece que giran a la misma velocidad que nos movemos nosotros. En el caso de los retratos es todavía más evidente porque tenemos la impresión de que nos siguen con la mirada.
Esta suerte de trampantojo deja en evidencia la importancia de la luz en la escultura, ya que es a través de ella que percibimos el volumen y por tanto es un elemento muy a tener en cuenta. La relación que establecemos frente a la manera en que nuestras esculturas reciben la luz definirá el carácter del modelado. Arístides Maillol decía que en su escultura buscaba que la luz se posara, como en una pared, por eso sus piezas son simples, lisas, sin texturas y con transiciones suaves entre un volumen y otro.